Los materiales que sí marcan la diferencia
El material de tus uñas postizas puede marcar la diferencia. Elegir correctamente según el estado de tus uñas es la clave para que el resultado se vea natural y dure semanas.
Las uñas de gel son ideales si buscas flexibilidad. Se aplican en capas que se curan bajo lámpara UV o LED y acompañan el movimiento del dedo, por lo que se rompen menos ante un golpe. Un consejo clave: asegúrate de que la lámpara cure el producto por completo, porque un curado incompleto es la causa más común de irritación en la piel.
Las uñas acrílicas son las más resistentes del mercado, perfectas para quienes trabajan mucho con las manos o tienden a morderse las uñas, aunque requieren más destreza para no quedar gruesas. Si notas un olor químico muy fuerte en el salón, tómalo como una señal de alerta: siempre exige productos de calidad profesional.
Las uñas de porcelana ofrecen un acabado opaco y sofisticado, muy usado en eventos formales como bodas, aunque son algo más frágiles que el acrílico. Al ser un material poroso, se mancha y amarillea con facilidad, así que usa guantes al limpiar la casa o aplicarte tintes y autobronceadores.
Menos conocidas pero igual de valiosas son las uñas de fibra de vidrio, finísimas y perfectas si tienes las uñas débiles y buscas un efecto invisible. Eso sí, evita el agua muy caliente en las primeras 24 horas para que la resina selle bien y no se levanten antes de tiempo.
Y para reparar uñas quebradizas sin alargarlas, las de seda son la opción más ligera y transpirable de todas. Su gran ventaja es que puedes usarlas para reparar una sola grieta puntual, sin necesidad de rehacer toda la manicura.