Primero lo primero: ¿qué le está pasando a tu cabello?
El cabello seco no es solo una cuestión estética. Es una señal de que la cutícula, esa capa exterior que protege cada hebra, está dañada o levantada. Cuando esto ocurre, el cabello pierde hidratación con mayor facilidad, deja de reflejar la luz y se vuelve quebradizo, áspero y difícil de manejar.
¿Las causas más comunes? El uso frecuente de secadores y planchas, los tintes y decoloraciones, la exposición solar prolongada y, en muchos casos, el uso de productos que no se adaptan a las necesidades de tu tipo de cabello.
Por eso, antes de elegir una mascarilla, conviene entender qué necesita realmente tu melena. Algunas necesitan principalmente hidratación para recuperar suavidad y brillo; otras requieren una reparación más profunda para fortalecer la fibra capilar y reducir la rotura.
