El perfume es casi tan antiguo como la propia humanidad. La palabra perfume deriva del latín “per” y “fumare”, que significa producir humo, haciendo referencia a las sustancias aromáticas que se quemaban para ambientar. Estas esencias solían ser incienso, mirra o flores y se utilizaban en ofrendas a los dioses. Con el paso del tiempo, estos aromas dejaron de utilizarse únicamente para rituales divinos y se expandió el uso en humanos, al pensar que los olores desprendían una especie de poder afrodisiaco.
“Todo comenzó en la prehistoria, el día que uno de aquellos hombres primitivos encendió una hoguera para calentarse o para alejar las fieras que pudieran acecharle y, por pura casualidad, encendió algunas ramas o resinas de un árbol y éstas comenzaron a desprender un olor agradable, un olor inédito que nunca antes había sentido nadie. Quizás el hecho de encontrarla tan agradable y de que el humo se elevase al cielo, les hizo pensar en utilizarlo como ofrenda a las divinidades” – Ramón Planas Buera (Museo del perfume Barcelona)