Nos encanta broncearnos. Aunque con moderación todo puede ser saludable, a la larga el sol puede convertirse en un enemigo para nuestra piel, además de ser la principal causa del envejecimiento cutáneo. Los rayos solares reducen los niveles de colágeno y de las fibras elásticas provocando la aparición de arrugas y falta de elasticidad y densidad en la piel, reduciendo nuestro nivel de melanina y llegando incluso a causar antiestéticas machas.
Pero, por suerte, los avances cosméticos de los últimos años han permitido la posibilidad de lucir un tono de piel bronceado sin necesidad de exponernos a los rayos solares y a sus nocivos efectos. Los autobronceadores son, cada vez más, la alternativa más saludable y efectiva para conseguirlo.
Pero, ¿sabemos aplicarlos correctamente?
Para una óptima aplicación de un autobronceador corporal, en primer lugar, es necesario limpiar y exfoliar bien la piel antes de extender el producto autobronceador. De esta manera, conseguiremos un tono más igualado y uniforme.
No aplicar después de una crema hidratante. El producto podría perder efectividad.
Es importante seguir un orden en la aplicación del producto, para que el resultado sea natural y continuo. De lo contrario, podrían quedar zonas más oscuras o sin apenas producto. Extiende el producto en movimientos circulares, comenzando de abajo a arriba, desde los pies y tobillos, siguiendo por piernas, glúteos, abdomen, espalda (recomendable la ayuda de otra persona que la extienda), escote, hombros, brazos y manos, extendiendo bien el producto e intentando aplicar la misma cantidad en todas las zonas. En las partes del cuerpo más ocultas (como las axilas) o en articulaciones, es conveniente aplicar menos cantidad para evitar contrastes bruscos de tono.
La aplicación de un autobronceador en el rostro requiere una mayor atención, ya que su incorrecta aplicación podría provocar la aparición de manchas de color en la piel. Los pasos son los mismos que para el resto del cuerpo (limpiar y exfoliar, aplicar con movimientos circulares), prestando especial atención a zonas de nacimiento del pelo, orejas y aletas nasales, donde hay pliegues que podrían acumular producto. Aplicar en cuello y barbilla, pero evitar su extensión excesiva por debajo de ésta, ya que el sol no pega tanto en esa zona.
Aunque la primera impresión sobre estos productos es que actúan “tintando” la piel, en realidad la doran oxidando la capa córnea que está en el interior. A pesar de ello, inmediatamente después de la aplicación es necesario lavarse las manos, ya que éste tipo de productos suele dejar residuos anaranjados en palmas de las manos, uñas y dedos.
La duración de los efectos de un autobronceador puede variar según el producto (facial o corporal), aunque la mayoría deben aplicarse cada cuatro o cinco días para mantener su efectividad y prolongar el tono obtenido en la primera aplicación (con mayor frecuencia si se trata de un autobronceador facial).
Aunque algunos también hidratan (sobre todo los faciales), estos productos pueden provocar cierta sensación de sequedad en la piel, por lo que es muy recomendable aplicar una crema hidratante entre aplicación y aplicación del producto, tanto en rostro como en cuerpo, preferiblemente con factor de protección solar, ya que, al contrario de lo que pueda pensarse, los autobronceadores no protegen de los rayos solares.
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